Me veo en
mitad de la madrugada sobresaltado por un sonido de llaves, que me provoca un
sudor frío atravesando todo mi cuerpo. Tardo unos segundos en advertir que me
encuentro en el penal y que hoy es el día de la sentencia. Aún desconozco si
será a garrote, horca, cuchillo o hacha. Tiemblo. Me acurruco sobre el catre,
mientras los pasos se oyen cada vez más próximos. Acaban tras el portalón y pronto
acompañaré a los carceleros ante el verdugo.
El amanecer me
descubre el emplazamiento emblemático de la ejecución. Estoy en la Plaza Mayor,
donde despierto del sueño.
* Finalista del IX Concurso de Microrrelatos 'Vive la Plaza Mayor'
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