Paperblog

miércoles, 23 de agosto de 2017

Desde el paraíso

Durante meses disfrutamos de las aguas del Mediterráneo. Fue una época feliz, como unas vacaciones de verano perfectas. Todo era amor y armonía entre nosotras. Ajenas a todo, nos zambullíamos en el tranquilo Mar Menor y gozábamos día y noche. Aquello era el paraíso y por nada del mundo lo hubiéramos cambiado. Pero llegó el momento del adiós y en contra de nuestra voluntad abandonamos el lugar. Ignorantes de nuestro destino, confiábamos en otra estancia segura, abiertas a nuevas sensaciones. El traslado, aunque corto, fue gélido e incómodo. Precavida, opté por no abrir la boca. Poco a poco, la situación se hizo angustiosa, nos asfixiábamos. Fue el hombre del gorro alto y delantal quien, al cabo, despejó mis dudas. Después de lavarnos, nos colocó sobre una cama blanca y nos cubrió al completo con otra manta del mismo color, hecha de cristales pequeñitos. Luego nos introdujo en un sitio oscuro, donde el calor era sofocante. No presagiaba nada bueno. Entonces le oí decir: “Las doradas a la sal ya están en el horno”. Intuí que sería mi último verano.  
#AmoresDeVerano
   

lunes, 21 de agosto de 2017

Escaparate

Recuerdo el reflejo de su silueta a través del escaparate. Su cuerpo esbelto, como esculpido por un artista del Renacimiento. Su melena cobriza desparramada por el cuello, larga como un ciprés, armoniosa como la brisa del mar en una tarde de estío. Los ojos azules, enormes, invitando a admirarlos aun a riesgo de perderte en sus profundidades. Día tras día, me inventaba cualquier excusa para contemplarla. Y allí mismo, frente a la tienda, echaba a volar la imaginación, me dejaba ir y dibujaba escenas imborrables a su lado.
 Recorría sus turgentes pechos con mis dedos temblorosos, sintiendo en sus pezones la excitación del adolescente primerizo. Me sumergía entre sus muslos de piel canela y percibía la humedad que abarrotaba de deseo nuestros cuerpos destinados al amor. Su aroma penetraba en mí con la intensidad de un romance de quinceañeros. Acariciaba sus caderas una y otra vez, en busca del tesoro que recompensara mis desvelos. Era una relación tan apasionada que traspasaba los albores de la realidad.
Solo cuando aquel tipo desnudó a esa maravilla de la naturaleza caí en la certeza de mi calenturienta personalidad y, sobre todo, de que para el maniquí de mis sueños concluía la temporada primavera-verano.
#AmoresDeVerano