El día indicado,
sumido en un otoño eterno, me cité con mis miedos.
Acudí al lugar,
aguardé con indisimulada calma
y, desde mis entrañas, me dibujé desplegando
las alas
como el águila surca
el valle desde lo más alto.
Estaba destinado a
ver el mundo desde otra atalaya.
Antes de tomar la
decisión, ansioso por desprenderme de losas, una voz gritó:
“La soledad aguarda,
abrid las alas y volad hacia el paraíso”.
Despegué del suelo,
atento al sonido del viento que acompañaba mis jadeos.
Se escondió el sol a
los ojos de las estrellas y éstas lloraron su ausencia.
Cayó la noche y nadie
salió en busca de ellas.
Me vi perdido,
invisible al resto de humanos,
tratando de recordar,
de sentir, de reír,
mientras se
desmadejaban las nubes.
Olvidé que sólo
éramos el cielo y yo,
entrelazados en la
esperanza de un final.
#otoño