La temporada futbolística da sus últimas bocanadas. Es tiempo de
balances, reflexiones y despedidas. Los ejemplos se amontonan en cada club de
la extensa geografía española. Las salas de prensa se abren para escuchar las
palabras de los que tienen algo que decir. Los medios de comunicación actúan de
testigos. El mensaje, en general, va destinado fundamentalmente a los
aficionados.
Detengámonos en los casos más calientes, los de hoy mismo, 30 de mayo. Así,
a bote pronto, me salen tres muy concretos. El más sentido lo protagoniza Eric Abidal, que dice adiós al
Barcelona. Acompañado por Sandro Rosell
y Andoni Zubizarreta, pero
respaldado por toda la plantilla, le brotan las lágrimas. No sólo llora el
francés, también veo a Iniesta y Xavi Hernández frotarse los ojos. Es el
llanto por la marcha de un compañero que ha dado un enorme ejemplo de
superación frente a una grave enfermedad. La lucha del ser humano ante las
adversidades. Abidal, al que le cuesta encontrar las palabras exactas, define
con su marcado acento gabacho la incomprensión de una despedida no deseada. “Me
hubiera gustado seguir en el Barça, pero el club lo ve diferente y es una
decisión que tengo que respetar”, aduce este hombre honesto y querido. Han sido seis temporadas en un Barcelona que
ha calado en su corazón y al que abandona para regresar, según promete. “Me
voy, pero volveré porque tengo una propuesta del club muy interesante”.
Ni una queja pública, ni un reproche. Eric habla con la verdad por
delante, sin nada que ocultar. De ahí la principal razón del viaje a otra parte:
“Quiero seguir jugando al fútbol, porque es mi pasión desde niño, todo el
esfuerzo que he hecho lo hice para volver y quiero jugar”.
Menos dramática es la despedida de Miroslav
Djukic, el entrenador del Valladolid hasta el 30 de junio, que se muestra
escueto. Solo ante el micrófono, el técnico dice una frase rotunda: “Vengo a
comunicaros que el año que viene no seguiremos juntos”. Una forma sencilla y
clara de indicar que sale en busca de otros retos. Las alternativas, se comenta,
son el Valencia, si no renueva Valverde,
o el Benfica. Djukic se ha ganado el reconocimiento. En Pucela deja buen
recuerdo y excelentes resultados.
La comparecencia más extensa, como corresponde al personaje, la ofrece Marcelo Bielsa, todavía entrenador del
Athletic. Hora y media de disertación que esta vez tiene numerosos momentos
divertidos. Bielsa, con la mirada más altiva que nunca, hace una
puntualización: hablar del pasado no significa estar despidiéndose. Más abierto
que de costumbre, locuaz a más no poder, el argentino admite su distancia con
el periodismo, del que tiene mal concepto, “como de los entrenadores”, aclara.
Y va más allá poniendo a su esposa como tapadera. "Les diré que mi mujer
me dijo que quería ser vasca. Yo le dije, ¿Cómo que vasca, yo no quiero que
seas vasca. Por qué y me respondió que porque los vascos no se van de boca. Le
pregunté si es que pensaba que hablaban poco, y me dijo que no. Hablan mucho
pero dicen lo necesario, nunca dicen lo que no corresponde. Tengo con los
periodistas de aquí la misma distancia que con el resto, pero sí noto la
diferencia. Es una prensa menos dañina", explica.
Tres ejemplos, tres maneras educadas de marchar. No siempre es así. Al
otro lado están los despedidos, profesionales que deben recoger sus
pertenencias sin excusas ni explicaciones. Porque sí. Trabajadores con los que
no cuenta el club (la empresa). Ellos tienen más difícil la recolocación. Toca
‘venderse’, encontrar un destino cada vez más incierto, reinventarse. Y
entonces me doy cuenta de que el fútbol, en esta etapa de crisis permanente, no
está tan alejado de la sociedad española.

