Cuando el pasado mes de octubre se lesionara frente al Benfica, podría pensarse que la carrera de Carles Puyol en La Roja se había detenido. Con 34 años y un brazo roto que añadir a su extenso historial médico, la duda era razonable. Yo, conociendo al personaje, aposté entonces por su regreso. En un artículo publicado en MARCA.com pocos días después del percance, di por hecho que jugaría el partido 100 con la selección. Una cifra mágica que alcanzó el 6 de febrero de 2013 en Doha, en el partido España-Uruguay. Y le anularon un gol. Como pequeño homenaje al central del Barça, reproduzco aquel artículo:
“Siempre vuelve a salir el sol”. La frase de Carles Puyol resume en seis
palabras el espíritu luchador de un futbolista nacido para la batalla. Puyol
afronta cada partido como un combate, en el que da y recibe. Un toma y daca.
Como defensa, le corresponde anular las acometidas del rival, pero no escatima
riesgos. Y recibe la misma respuesta que un kamikaze. Por eso se parte la cara,
la rodilla, el hombro, los tobillos o se luxa el codo. El último episodio, sucedido
en Lisboa.
Las imágenes son escalofriantes. Ponen los pelos como escarpias y hacen
apartar la mirada. Carles ni se inmutó. Con el otro brazo pidió la asistencia y
empezó a pensar, seguramente, en cuánto tiempo tardaría en ser atendido en la
banda antes de regresar al campo con el problema subsanado. El asunto, esta
vez, no daba para reparaciones inmediatas. Trasladado al hospital, las pruebas
para analizar la gravedad del percance rebajaron la inactividad a largo plazo.
Sin fractura, no necesitará intervención quirúrgica. Tiene para dos meses, ocho
semanas o 60 días. Por él, mucho menos. La cuenta atrás comenzó en el mismo
aeropuerto lisboeta, de regreso a Barcelona.
La concatenación de lesiones no supone inconveniente desde el punto de
vista físico, según admiten los expertos en medicina. Puyol puede recuperarse
completamente, a pesar de haber superado la treintena. Donde ponen más dudas es
en el aspecto psicológico, por la reiteración de percances. Mentalmente, puede
sentirse más afectado que físicamente. Permítanme que lo dude.
Bautizado como Tiburón por Andrés Montes, el apelativo se le ha quedado
corto. También llamado cuyons, éste describe sus prestaciones sobre el terreno
de juego. Es mucho más: apasionado,
comprometido, talismán, etc. Antes de despedir esta glosa, reproduzco una
descripción del azulgrana en frikipedia: "Puyol es un hombre sufridor, es un hombre que se ha ganado todo lo que tiene a pulso de pulgares. Tal vez por eso se le admira, por eso y por haberse enfrentado a todos los canis del fútbol profesional saliendo a la pugna como un espartano (él es como trescientos hombres) y debido a las malas artes de estos, no siempre ha salido indemne: rinoplastias mediante pelota, patadas en los cojones, mutilaciones de tres brazos (ahora sólo le quedan dos) y demás atropellos..."
Totalmente de
acuerdo. Te espera el partido 100 con la selección.
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