Como siempre en estos casos, los resultados han podido más que otras consideraciones. El Granada CF decidió días atrás destituir a su entrenador, Juan Antonio Anquela, como revulsivo -eufemismo de uso habitual en el mundo del fútbol- para mejorar los resultados. Al técnico jienense se le buscó un rápido sustituto, Lucas Alcaraz. Meses atrás, cuando el viento soplaba a favor del héroe de Alcorcón, al que a punto estuvieron de ponerle una calle, escribí este artículo en MARCA.COM que ahora recobra actualidad. Su título: 'Los dos retos de Anquela'. Decía así:
Cerró Anquela su etapa en el Alcorcón y ha tomado ya el billete hacia
Granada, donde le espera un equipo de Primera. Han sido cuatro temporadas y
media de continuo crecimiento, que a punto, lo que se dice por un gol, ha
estado de dar con el conjunto alfarero en la máxima categoría. Lo explicaba el
entrenador jienense en la emocionada despedida de los amarillos: “El fútbol te
pone retos y no puedo decir que no a entrenar en Primera”. Un razonamiento
comprensible a todas luces.
Quiso además despedirse con las frases más sentidas desde que asumió el
cargo y dejó alguna para la historia del club amarillo: “El Alcorcón es el club que más huella
me ha dejado. Llevo cinco temporadas aquí y no he dejado ni un solo día de ser
feliz”.
A lo largo de su periplo en Santo Domingo, el técnico ha trabajado a
gusto y ha disfrutado. Con una atención mediática reducida, eso sí, poco a poco
ha ido adquiriendo notoriedad, a medida que el Alcorcón mejoraba las
prestaciones. En estos casi cinco años, Anquela ha cambiado poco. De carácter
afable, cercano y sencillo, ha hecho bandera de la normalidad para explicar su
método. Lo bueno es que ha sabido transmitirlo al equipo, que nunca se ha
salido de la línea correcta. Un ejemplo para los que buscan la fama a cualquier
precio o presumen con una mínima victoria.
Enemigo de la polémica, ha puesto los cinco sentidos en el trabajo y ha
obtenido el reconocimiento general. Ahora afronta el reto de entrenar en
Primera división, recompensa que le llega a una edad ya madura pero igualmente
válida. Cambia el entorno tranquilo del polideportivo Santo Domingo, donde
apenas nueve o diez espectadores presenciaban los entrenamientos –soy testigo
de ello- por los Cármenes o la Ciudad Deportiva Diputación, donde serán muchos
más los asistentes y mucha más la presión. Es el doble reto de Anquela, que
deberá acostumbrarse también a estar bajo los focos informativos de una
categoría que exige resultados inmediatos. No hay tiempo para el análisis o la
justificación. Se le multiplicarán las exigencias y tendrá que apechugar con
las críticas, sean sinceras o interesadas.
Pienso que nada de ello le hará cambiar el discurso a un hombre que
maneja las claves del fútbol en todas sus facetas. No dejará Anquela de ser
humilde ni le podrá la carga de un club con más de 15.000 socios y una ciudad
entera volcada con él. Conocimientos, capacidad y entusiasmo le sobran. Como
siempre, no descubro nada si digo que sólo las victorias facilitarán el
tránsito. Es la ley del fútbol, siempre pendiente de los marcadores. Suerte,
Juan Antonio.
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