Se
llama Esperanza. Tiene los ojos grandes, el cabello negro, aunque escaso, y las
manos diminutas. Es una valiente, pues sólo los valientes se abren paso en
circunstancias adversas. Ella lo ha conseguido, salvando dificultades, con la
ayuda de unos profesionales que se esfuerzan a diario en los hospitales. Ojalá
pudiera estar a su lado, abrazarla y besarla. Ver sus ojos grandes, su poco pelo
negro y estrechar sus manos diminutas. Conocerla.
Ha
nacido cuando el mundo sufre, cuando la gente llora y aplaude, cuando un virus
—ya sabrá lo que es dentro de unos años —nos tiene confinados en casa y todo es
distinto desde hace nada, apenas dos meses. Esperanza ha nacido cuando el miedo
se cuela por las ventanas, cuando salir a comprar es una aventura, cuando la
población se queda sin trabajo, cuando las abuelas como yo se mueren solas. Cuando
el futuro pinta oscuro.
Está
aquí y lo celebro hasta emocionarme a moco tendido. Los viejos somos así,
tenemos la lágrima fácil. Es una heroína, es mi nieta. Como lo es también su
madre, hija mía, a la que estoy deseando mandarle un millón de besos por el
teléfono. Como leí el otro día, a lo mejor Esperanza ha llegado para que todo
sea menos malo.
#NuestrosHéroes
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