“Ya ha
sido suficiente”, fue mi reacción inesperada. ¿Podría así convencerme de que el
destino había dicho basta para escribir esta historia? Una historia que arranca
cuando obtuve plaza de profesora en un instituto de Sevilla y alquilé un piso
con vistas al parque de María Luisa. Un piso pequeñito, con un solo dormitorio,
pero luminoso. Acostumbrada al pueblo, me costaba adaptarme a tan reducido
espacio, así que cada tarde, al salir del trabajo, adquirí la costumbre de
acercarme a la estación de Santa Justa dando un paseo para hacer tiempo.
El
trasiego de viajeros con sus equipajes de un lado a otro, la megafonía
anunciando la salida y llegada de trenes y la presencia agobiante de carteles
publicitarios debieron trastocar mi cerebro, pues me dio por sustraer maletines
a ejecutivos despistados, proseguí con maletas de menor tamaño y continué con
maletas para largos recorridos. ¡Cielos, cómo disfrutaba con el riesgo y la
impunidad de vuelta a casa! Cuando se llenó el dormitorio pasé a ponerlas en la
cocina, el baño y el salón.
Ahora
apenas queda espacio para moverme y el confinamiento me mantiene encerrada
entre estas cuatro paredes. Y he comenzado a creer que llevo el virus dentro.
* Relato presentado al blog Esta Noche Te Cuento Tema: coleccionismo
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario