Tiene Roger Federer la cabeza puesta en Wimbledon, pero antes hace parada
y fonda en el torneo de Halle. Hierba alemana antes de la hierba inglesa.
Preparación obligatoria para abordar el octavo título en la catedral
londinense. Roger se acomoda a su elemento preferido, donde mejor se
desenvuelve. Al suizo le sienta bien el pasto, una superficie que ha perdido
vigencia en el circuito. Es el jugador con el palmarés más alto y no me
extraña. Ideal para sus condiciones. Ha conquistado 12 torneos (siete en
Wimbledon y cinco en Halle) nada menos, por delante de Sampras (10), Connors
(9), McEnroe (8), Becker (7) y Hewitt (7). Sólo éste sigue en activo –participa
en Queens esta semana, otro torneo en hierba- pero sin apenas opciones de ganar.
Federer lleva un mal año. Ningún título conseguido, un hecho casi insólito.
Las circunstancias se le han vuelto en contra. Apeado en el Abierto de
Australia por Murray en las semifinales, a partir de ahí ha dosificado las
participaciones y se ha quedado a las puertas en todas ellas. En cemento y en
tierra. Significativa fue la derrota ante Nadal en Indian Wells, en cuartos de
final, aunque justificada por la dolencia en la espalda del suizo. A su vez, el
español afrontaba la competición tras una reaparición gloriosa –triunfos en los
torneos de tierra de Sao Paulo y Acapulco, y final en Viña del Mar- después de
siete meses parado recuperándose de la rodilla izquierda. Rafa volvió a
machacar a su amigo Roger en la final del Masters 1000 de Roma, a mediados de
mayo.
La actuación de Federer en Roland Garros, hace escasas fechas, concluyó
en los cuartos de final, donde perdió a manos del francés Tsonga sin discusión,
en tres sets. Queda claro que el favoritismo del suizo es menor a medida que cumple
años y su mente se aparta de la actividad tenística al ciento por ciento.
Conserva toneladas de clase, una derecha impagable, un servicio de prestigio y
una muñeca única e intransferible. Pero los torneos se le hacen demasiado
largos y se dispersa en partidos que no deberían ofrecerle dificultades. Un
ejemplo es la derrota en el Mutua Open de Madrid frente a Nishikori.
Nadal, con su victoria en París, le ha colocado ante el reto más
importante de la temporada: ganar ocho títulos de un mismo Grand Slam. Estoy
seguro de que Federer ha recogido el guante. Le motiva lograrlo en el templo
del tenis, donde ha jugado partidos inolvidables y perdido una final para la
historia ante Rafa. Su peor recuerdo, tal vez. Atentos a sus palabras, en las
que se deduce el interés que tiene en recoger otra copa en el All England: “Mi
mejor etapa este año aún está por llegar”. Y lanza un aviso: “El balance lo
hago siempre después del Abierto de Estados Unidos. Estoy convencido de que la
segunda mitad de la temporada irá mejor que la primera”.
Sólo otro detalle: en la pasada edición ganó el título derrotando a
Djokovic y Murray consecutivamente. Y reconquistó el número 1. Que nadie dé por
hundido a Federer en 2013.

No hay comentarios:
Publicar un comentario