La Copa Confederaciones sacó a la luz algunos defectos de la selección
española. Pocos pero concisos, que estaban latentes durante la competición. Como
el estilo de juego es innegociable, esta vez no alcanzó para obtener el título.
A la que hubo un oponente más físico y mentalizado, La Roja sucumbió. Me apunto
al paralelismo con la eliminatoria Bayern Múnich-Barcelona de la pasada Liga de
Campeones. La fuerza contra la técnica, dicho en forma resumida.
Brasil hizo de Maracaná un campo de minas para el cuadro de Del Bosque. Pasó
por encima de España. Desde que sonaron los himnos hasta la entrega de trofeos.
La asfixió, la ahogó en el medio campo, la intimidó con repetidas faltas, la sacó
de su hábitat. La Roja se pareció poco o nada a sí misma. El problema venía ya
del duelo contra Italia, que enseñó el camino a Scolari.
El seleccionador brasileño tomó buena nota para la final. Y es que en el duelo
ante los de Prandelli hubo ya serias dificultades para el manejo del balón, que
sólo se solventó de manera clara en la prórroga. Los cambios de Vicente sí
funcionaron entonces. Pero la exigencia de 120 minutos y un día menos de
descanso agotaron las reservas españolas. De haberlo tenido más seguro, creo que
Del Bosque hubiera introducido más novedades en la alineación. Sin embargo, como
hombre prudente y conservador que es, tiró del once más clásico. Y no funcionó.
Hagamos un repaso jugador por jugador en la final:
-
Casillas. Pocas intervenciones y tres goles encajados. Tal
vez pudo hacer más en el primero. Le falta un punto de forma, tras tanto tiempo
parado.
-
Arbeloa. Pésimo. Estaba fundido y llegaba tarde a todas
las acciones. No debió ser titular. Obligado el relevo en el descanso.
-
Piqué. Cumplió sin más. Menos atento a los cruces y más
lento a la hora de defender. Fue expulsado justamente precisamente por esa razón.
-
Ramos. Todo corazón, le pudo el ansia por lanzar el
penalti que hubiera supuesto el 3-1. Bien en defensa, aunque también expuesto
al cansancio.
-
Jordi Alba. Pasó las de Caín ante Hulk, que le dobla en
kilos. No pudo correr la banda como acostumbra. Discreto.
-
Xavi. Llegó al torneo pasado de forma y se notó. Nunca
ha dado tantos malos pases como en este partido. Lento y sin compás, España
perdió a su guía principal.
-
Busquets. Enorme en la faceta defensiva. Cortó todo lo inimaginable
y se multiplicó para suplir las carencias del medio campo. Ningún reproche.
-
Iniesta. Un superdotado que ya quisieran tener en otras
selecciones. Le faltó acompañamiento. Buscó el área siempre con criterio,
aunque le martirizaron a base de faltas, la única forma de frenarle.
-
Mata. Le vino algo grande la final. No encontró nunca
la ubicación. Lo mejor, la jugada con Torres y Pedro que mereció acabar en gol
d
e no mediar David Luiz.
-
Pedro. Otra vez se desgastó por ambas bandas hasta
acabar exhausto. Tuvo la ocasión del 1-1 que quizá hubiera cambiado las cosas
en el partido.
-
Torres. Lo intentó en su estilo, pero se encontró
maniatado por los centrales brasileños, Tiago Silva y David Luiz, que
estuvieron impecables.
-
Azpilicueta. Salió por Arbeloa y algo mejoró la línea
defensiva, aunque el tercer gol llegara por su lado. Tiene que pulir aún algunos
detalles.
-
Navas. Salió para volcar el juego por la banda, pero se
olvidaron de él durante muchos minutos. Provocó un penalti claro y poco a poco
fue a menos.
-
Villa. Relevó a Torres con el partido decidido y apenas
creó peligro. Luchó como en él es costumbre. Tendrá mejores días.
Llegan las
vacaciones y luego pensar en el próximo curso. La Roja debe aún solventar los tres
partidos de clasificación para el Mundial que le restan (Finlandia-España, 6 de
septiembre; España-Bielorrusia, 11 de octubre; España-Georgia, 15 de octubre). El
debate sobre la renovación o no del equipo no toca ahora. Poco amigo de
revoluciones, el criterio de Del Bosque es mantener el bloque y perseverar en
el estilo. El que nos ha hecho campeones del mundo una vez y de Europa dos. Eso
sí, con un buen fondo de reserva y las energías renovables. Feliz descanso.
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