A las 14:57,
como cada viernes, salió de la oficina. Llevaba 19,8 años en la empresa y,
salvo los 29,55 días al año de vacaciones, nunca dejaba de trabajar sus 8,17
horas. Subió al coche, de 11,51 años de antigüedad, y cogió la C-521 rumbo al
hostal, donde se vería con su amante, 15,29 años más joven. Conduciendo, y con
la radio encendida, pensó en su hijo. Mientras devoraba kilómetros, recordó que
tenía 18,15 años, le quedaban 6,23 meses de carrera y, a lo más, encontraría un
trabajo que le ocuparía 9,8 horas diarias, tal como se estaban poniendo las
cosas. Después, se casaría y le daría al menos 2,30 nietos. Él moriría a los 79,80 años. Miró el cuentakilómetros:
marcaba 139,81 km./hora. Multa de 250, 25 euros, seguro, se dijo. Entonces se
acordó. ¡Cielos, San Valentín! Frenó y
se detuvo junto al arcén. Una fila de 16,64 molinos ocupaba el horizonte.
Escribió el sms de 14,31 palabras a su esposa. Coste de la llamada: 1,24 euros.
De regreso al vehículo maldijo el día que decidió estudiar cálculo.
(Premio Accesit del Concurso de Microrrelatos Ediciones Xorki 2014)
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