La derrota ante el Celtic ha traído añadida una polémica en Can Barça.
Messi volvió a recriminar a Villa que no le pasara el balón en una acción
ofensiva del Barcelona allá por el minuto 80. Otro episodio que se suma al que
protagonizaron los mismos futbolistas el pasado 22 de septiembre, en el Camp
Nou, frente al Granada. Entonces se puso un paño caliente al asunto con
declaraciones conciliadoras de compañeros y entrenador. Pasado poco más de un
mes, parece que el conflicto ha regresado.
En el plano personal, ha conocido
la experiencia de la paternidad hace escasos días. Thiago nació la semana
pasada, para colmar de felicidad a este argentino de 25 años. Sin embargo, el
hecho ha provocado en él la urgencia por dedicarle los goles. Se vio frente al
Celta, con la complicidad de los compañeros. Le buscaban con insistencia, pero
se le resistió. Una frustración que ha tenido continuidad en el Celtic Park
hasta la consecución del 2-1, apenas ya sin tiempo para empatar al menos. La
celebración fue escueta y clásica. Forzada, diría yo. El dedo en la boca como
un chupete. La bronca con el asturiano ya había sucedido. Hasta aquí los
hechos.
Messi hace mal en abroncar a
Villa, Tello o Cuenca, en su momento. Podemos entenderlo por la tensión vivida
recientemente. Pero eso no lo justifica. Pierde más que gana. No es una buena
imagen del mejor jugador del mundo.
Un amigo que conoce por dentro al Barça me contó en su día que Messi
sufre lo indecible con las derrotas. Es conocido que lloró como un niño en el
vestuario de Mestalla la pérdida de la final de la Copa del Rey ante el Real
Madrid, ya saben, aquel 1-0 en la
prórroga de hace dos temporadas. Estaba hundido, pero supo resarcirse de seguido
en la Champions.
También me ha confesado que el liderazgo del grupo no le corresponde,
sino que pertenece a Xavi e Iniesta, a los que respeta y obedece en las
decisiones. Surgido este caso, y de no haber variado el escalafón, Xavi debería
hablar con Messi. Un rapapolvo del capitán tendría un efecto beneficioso si
hace comprender a papá Leo que ante sí hay algo más que un balón y una
portería. Y más ahora.
14 noviembre 2012
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