Hablemos de Dani Alves, el lateral del Barcelona que el pasado martes, tal que 12 de marzo de 2013, completaba una actuación estelar en el partido de Champions ante el Milan, colaborando en una remontada histórica. Gracias al 4-0, el Barcelona lograba clasificarse para los cuartos de final de esta edición y ahuyentaba muchos de los fantasmas surgidos días atrás, iniciados con motivo del partido de ida en San Siro y aumentados después de las dos derrotas frente al Real Madrid.
Alves, por decirlo en dos palabras, ha vuelto. Las noticias que llegaban
sobre él últimamente indicaban que había perdido peso… en el conjunto azulgrana. No hace un mes, el
brasileño ya no era indiscutible en la derecha del once inicial azulgrana, bien como
defensa, bien como interior. Alves empezaba a lesionarse con
cierta frecuencia. Todos los percances por problemas musculares. ¿Una casualidad
producto de la mala suerte o una consecuencia de una preparación deficiente?
Hay diversidad de opiniones.
Las voces críticas comenzaron a
surgir desde que arrancara la temporada. Muchas de ellas iban dirigidas con saña hacia el futbolista que llegó
procedente del Sevilla y que ha aportado mucho al Barcelona durante cuatro
temporadas. No es secreto que el idilio con el club se ha enfriado e incluso el
propio Alves denunció el pasado
verano la falta de tacto hacia él de los rectores. Estuvo en el mercado y no se fue por la ausencia de ofertas interesantes.
Así de claro.
En este tiempo como jugador ha recorrido miles de kilómetros
sobre el césped, una condición que le hacía único en la posición de lateral
derecho. Infatigable, tal vez no haya sido un marcador excelso, pero sí un
dominador de la banda, un magnífico atacante y un aceptable pasador. Mejor
arriba que abajo, durante años ha congeniado con una plantilla elegida para la
gloria, circunstancia de la que ha sido también colaborador inestimable y
protagonista en no sé cuántas ocasiones. Disperso tácticamente, también se ha
ganado la bronca de alguno de sus compañeros.
La exhibición de la primera parte del encuentro frente al Milan, con toda la banda derecha para él, no tiene discusión. Tras el descanso, se le vio más reacio a subir para cubrir mejor las acometidas italianas. Aun así, llevó peligro y nunca descuidó su territorio. No se le recuerda un solo error.
Acusado de bronquista y teatrero, incluso por
boca de derterminados futbolistas, Alves merece un respeto por su contribución al
Barcelona, que se suma a la prestada también al Sevilla. Me quedo con sus prestaciones
positivas, que superan a las negativas, no me cabe duda. Es más, queda evidente
que todavía le queda gasolina en el depósito. Si en su momento tuvo que entrar al taller
–lesión en el Barça-Real Madrid de meses atrás- su regreso a la pista le ha permitido poco a poco completar la puesta a punto de nuevo. Así que no le mandemos al desguace.
No hay comentarios:
Publicar un comentario