Eligió ese hotel por la certeza de contar con la máxima discreción.
Mientras entraba en el aparcamiento hizo una breve recreación de la escena que
seguramente tendría lugar en la habitación. Tenía claro que habían sometido a
coerción a aquel individuo, pero ahora ya daba igual. Tal vez lo mereciera. Se propuso llegar hasta
las últimas consecuencias. Se registró con el nombre que indicaba el pasaporte
falso y subió por las escaleras con la máxima determinación. Antes de abrir la
puerta, miró a ambos lados del pasillo. No vio a nadie. Entró y arrojó el
maletín sobre la cama. Llamaron a la puerta y supo que era ella. La recibió con
una leve sonrisa y un suave beso en los labios. “¿Has traído la orden de
comparecencia?. Por supuesto, abogado". Y empezaron a desnudarse.
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