Entró en la habitación del hotel a la hora fijada y la
encontró sumergida en un mar de espuma. Oculta de manera sugerente, produjo en el
amante el deseo irrefrenable de poseerla. Repasó cada rincón de su cuerpo, seguro
del juego amoroso que le proponía la mujer, entregados ambos a la pasión.
Completado el primer acto, ella salió de la bañera y se contempló ante el
espejo. Desnuda, radiante, hermosa. Él la envolvió en sus brazos y se percató
del dibujo. “¿Qué es esto, mi amor?”. Un tatuaje, dijo ella. “¿Y por qué un corazón?”, inquirió el amante. "Porque sé que nunca me lo partirás", respondió.
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