Le vi de espaldas, sentado en
un banco de la Plaza Vieja, y picado por la curiosidad me acerqué sigilosamente
sin dejar de observarle. Permanecía inmóvil, con la mirada fija en el
Ayuntamiento. Le saludé y me senté a su lado. El hombre, de unos 60 años, giró
el rostro y sonrió. Comenzó luego una conversación entretenida, repleta de
aventuras, pues había viajado mucho. Me contó un puñado de anécdotas sucedidas
allende los mares, en sus largas travesías hacia América o en las estancias en
Inglaterra. Su lenguaje era antiguo, con expresiones fuera de uso. Aun así, se
dejaba entender. Me habló maravillas de un Marqués con el que compartió, dijo,
proyectos y empresas apasionantes. En mi ignorancia, le pregunté por el motivo
de su visita a Novelda. El anciano señaló la estatua de bronce de Jorge Juan y
respondió: "Bajo cada 5 de enero".
* 1º Premio del II Concurso de Microrrelatos 'Jorge Juan' 2015

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