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lunes, 12 de octubre de 2020

Adiós

 

Nos fuimos cuando las yedras tapaban las fachadas abandonadas y las piedras se ennegrecían de tristeza. Dejamos el lugar de la niñez, de los ardores de juventud, de decenas de manos encallecidas, mientras se agrandaban los surcos de una tierra yerma y estéril, a la que el hombre de la edad moderna niega el sudor. Dejamos el lugar para escapar del silencio que hiere y mancilla sin piedad. Partimos antes de borrarse el recuerdo de un pasado escrito sobre las lápidas del cementerio, donde descansarán nuestros huesos de regreso el día menos pensado.

Dejamos las calles donde transitan ahora los fantasmas del orgullo campesino, donde los pasos se pierden entre rincones desconchados, donde no quedan sonrisas en este siglo. Salimos con la mente ofuscada y el corazón inundado de dolor, dolor por un pueblo que clamaba auxilio sin que nadie atendiera su súplica. Buscábamos el futuro lejos de aquí.

Marchamos acompañados por la añoranza de un pasado mejor, de una infancia sin estigmas. Éramos ingenuos, éramos inocentes, demasiado inocentes. Éramos felices… a nuestra manera.

Y al contemplar el cartel de letras desgastadas, casi borradas, con la línea roja cruzándolo de parte a parte —la frontera que separaba el ayer del hoy—, un baño de lágrimas resbaló al unísono por las mejillas. Ni siquiera miramos atrás, sintiéndonos prisioneros de una traición.

Sólo dijimos “adiós, pueblo amado”, vacío de sus gentes, vacío de esperanza. Sólo dijimos adiós.     

 #historiasrurales



 

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