Álex Corretja le debe agradecimiento eterno a Rafa Nadal. Qué se puede
decir de un jugador que es capaz de ganar el Abierto de Estados Unidos un
lunes, en Nueva York, viajar a Madrid el miércoles, entrenar esa misma tarde,
jugar el viernes la Copa Davis, dar una paliza a su rival, un tal Stakhovsky, y repetir al
día siguiente un partido de dobles, donde encima es el mejor de los cuatro
sobre la pista. Pues que no está al
alcance de cualquier persona. Eso señaló el capitán español públicamente.
Nadal, a su lado, tomó entonces la palabra y comentó: “Si lo he hecho yo, es
que puede hacerlo cualquiera”. Corretja lo negaba con la cabeza.
Y es que la modestia de este deportista no conoce límites. Como su
palmarés, que pronto añadirá la condición de nuevo de número 1 del mundo. Nadal
se ha educado en la disciplina y el respeto. Al adversario, al público, a los
aficionados, a la prensa… Es un ejemplo de prudencia y sensatez. Por eso sus
discursos en las entregas de trofeos comienzan con las mismas dedicatorias y
agradecimientos.
Es el lema de un campeón que evita presumir de ello y que advierte que
algún día dejará de ganar y pasará a un segundo plano. Por eso da gracias a la
vida por lo que ha conseguido, que ha sido mucho y muy trabajado, y mantiene
siempre los pies en el suelo. Un comportamiento imbuido por la familia y
aumentado a lo largo de la relación con su tío y entrenador, Toni Nadal, que le
machaca la cabeza para evitar cualquier gesto de soberbia. Ya lo tiene tan
asumido que no lo olvida jamás.
Nadal es único, es leyenda, es el mejor deportista español de todos los
tiempos. Sin discusión. Este año 2013 será recordado, y él lo admite, como el
mejor de su carrera. El más emotivo, por producirse tras siete meses lesionado.
Ha conquistado (por ahora) 10 títulos (Roland Garros, US Open, los Masters 1000
de Indian Wells, Madrid, Roma, Montreal y Cincinnati, y los torneos de
Acapulco, Sao Paulo y Conde de Godó). Sólo ha perdido tres partidos. Una gesta
jalonada por sus progresos técnicos sobre la pista. Juega más agresivo, más
táctico. Ha mejorado el saque, lee mejor los partidos. Es la consecuencia,
además, de una preparación física envidiable.
La guinda al pastel la ha puesto
en la Caja Mágica madrileña, cambiando el chip individual por el colectivo. La
predisposición a ayudar al equipo español de Copa Davis a mantenerse en el
Grupo Mundial venciendo a Ucrania por 5-0. Un compromiso adquirido que ha
cumplido con creces. Una vez materializado, ahí quedan sus manifestaciones: “Lo
que he hecho aquí, jugar dos días seguidos sobre tierra batida, después de
venir de jugar en pista dura, no es lo mejor para mi físico. Pero me
comprometí”. En sus palabras mezcla la
crítica con el orgullo del deber
cumplido. Y deja un poso de resquemor y un aviso: no siempre estará para acudir
a la cita. Por eso advierte de que algo está haciendo mal la organización de
esta competición tan longeva.
Rafael Nadal descansa en Manacor
para preparar el tramo final de la temporada. Sus siguientes torneos serán
Pekín (del 30 de septiembre al 6 de octubre) y el Masters 1000 de Shanghai (6
al 13 de octubre). Dos semanas para alcanzar la cima mundial. Se lo merece más
que nadie.

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