“Mi pensamiento es ir a Basilea , París y Londres”, declara Nadal para resolver las dudas que flotan
a su alrededor. Acaba de perder en dos sets (6-3, 7-6) frente a Feliciano López en la segunda ronda del
Masters 1000 de Shanghai. Su primer
partido en el torneo, que cerca está de no disputar por culpa de la dolencia de
apendicitis surgida de Pekín a aquí,
en los días pasados. Una derrota con consecuencias indirectas. Roger Federer, que salva cinco bolas de
partido antes de vencer al argentino Leo
Mayer, arrebata el número 2 del ranking al español, ahora un escalón por
debajo.
Han sido días de un intenso
dolor tratado con antibióticos, que enmascaran parcialmente el problema. El
balear confiesa que una hora antes del partido ante su compatriota los médicos
del torneo chino le desaconsejan jugar. “Es normal, lo hacen para cubrirse las
espaldas”, matiza en tono conciliador. Rafa
no atiende la petición y salta a la pista central de Shanghai para tratar de avanzar ronda. Una misión que se convierte
en imposible por múltiples factores, el principal la dificultad para conectar
correctamente los golpes. Se mantiene con la derecha, que le obliga a menos
esfuerzos. Pero pena con el revés y sufre en los desplazamientos. Es un Nadal
reducido, minimizado ante un rival que se ve ante esta oportunidad de oro tras
cuatro años de derrotas contra su amigo. Feli
juega agresivo, valiente, como en él es habitual en este tipo de superficies.
Saque y volea. Subidas constantes a la red. Su lema de siempre. Y que le
funciona ante un Nadal que arranca cargado
de precauciones y sometido a la incapacidad de dar el máximo esfuerzo.
El primer set no tiene otra
lectura. Feli manda, domina, avanza hacia su conquista con paso firme y sin
fisuras. Lo hace suyo y está dispuesto a tocar la gloria de un triunfo de
prestigio. Pero se atasca en la segunda manga, que dibuja a un Nadal más
liberado, menos cauto y que aumenta la velocidad y ajuste de sus golpes. El
ganador de 27 Masters (ninguno en Shanghai) se dispara hasta un 4-1 y se
procura una bola para el 5-1. No lo logra y surge el atasco, la réplica de Feliciano, fiel a su básico patrón de
juego.
El partido se equilibra, toma
una dimensión similar a la del set inicial, aunque con mayor resistencia por
parte del mallorquín. Rafa tira
mejor, somete a su rival a un despliegue más intenso, pero se queda a medio
camino. Dispone de saque para igualar la contienda (5-4), pero se le escapa. Feli
regresa de la confusión en el momento justo, antes de que sea irremediable. Y
su osadía obtiene recompensa en la muerte súbita, cuando salva una bola de set
de su íntimo enemigo con una extraordinaria volea. Al cabo, la victoria cae por
fin de su lado en este desempate. Rafa se despide de Shanghai como llegó:
dolorido pero con la cabeza alta. Siempre dispuesto a cumplir. Un valor que le
ha significado universalmente.
“Estaba jugando un buen año, muy
positivo, y después he tenido mala suerte con la muñeca y lo de ahora
, pero me
quedan tres torneos”, anuncia el mejor deportista español de la historia. Una
ristra de contratiempos, edema óseo en la espalda, virus estomacal, lesión en
la muñeca y dolor en el apéndice ahora, han rebajado su trayectoria en un curso
que ya difícilmente podrá mejorar. No hay excusas, sobran las lamentaciones. El
análisis del partido es conciso: “Cuando tú pierdes un partido, no creo que sea
el momento
de hablar de las cosas obvias. Yo perdí porque Feli jugó mucho mejor que yo”. Rafa
Nadal, si la salud se lo permite, ha subrayado en rojo un objetivo final
para cerrar la campaña: la Copa de
Maestros de Londres. La que falta en su casa-museo de Manacor.
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