Nada más comenzar la conferencia, un grupo no numeroso, pero
muy activo, irrumpió en la sala para boicotear el acto. El alto cargo de la Comunidad se quedó
atónito, mientras aguardaba a que el servicio de seguridad de la facultad
interviniera. Los asaltantes portaban también pancartas alusivas al conflicto que les tenía ocupados desde hacía semanas.
El político entendió el mensaje. Ninguna doctrina puede contra el impulso de las masas. Recogió
los folios, los guardó en el maletín y abandonó el estrado, en medio de la
jauría humana. Cuando por fin alcanzó la calle, una leve sonrisa delató su estado de ánimo. Respiró hondo, miró al horizonte y pensó en el pato a la
naranja que se pediría en el restaurante esa noche para cenar.
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